Flores, hojas, raíces, todas se incluyen en las fórmulas cosméticas en forma de extractos, obteniendo con solventes sus componentes activos. También como aceites vegetales, mezclas de ácidos grasos insaturados que hidratan, o en forma de aceites esenciales obtenidos por destilación con vapor de agua, lo más habitual, o por expresión, solo posible con cítricos, a los cuales se les exprime la cáscara para extraer la esencia. De las flores también se obtiene, por destilación, las aguas florales.
Presentes en las líneas de fitocosmética, han saltado a las grandes marcas de perfumería selectiva, que invierten en investigación y en la extracción de activos procedentes de las plantas.
Aloe Vera
Originaria del Norte de África, sus hojas contienen un gel transparente que limpia los poros y es rico en minerales que regulan el PH, mejorando la incómoda problemática de piel grasa y la caspa existente. Antiinflamatoria y tonificante, es habitual en aftersuns y en cremas rejuvenecedoras ya que estimula el colágeno y favorece la renovación celular.
Monoi de Tahití
Hace más de 2000 años que en Polinesia se extrae aceite de copra del coco y en él se maceran flores de tiaré. El acetite resultante es monoi de Tahití. Además de su agradable aroma, es antioxidante y rico en ácidos, por lo que nutre e hidrata la epidermis y el cabello.
Rosa Mosqueta
De la semilla del fruto se extrae un aceite rico en ácidos grasos esenciales polinsaturados claves para la regeneración celular. En el IX Congreso Latinoamericano e Ibérico de Químicos Cosméticos, los científicos investigaron su potente acción para reducir arrugas, manchas, cicatrices y estrías.
Jojoba
De las semillas de este arbusto propio del desierto mexicano, se obtiene un aceite que los indígenas utilizan para protegerse del sol. Constituido en un 96% por ceramidas, regula la humedad y la grasa. Tiene ácidos linolénico, que favorece la regeneración celular, y vitamina C que es antioxidante.