Ir a Página de Inicio

Tomar sol sin perder la piel - Bronceado perfecto sin complicaciones

Hasta ahora, el pack imprescindible para tomar sol constaba únicamente de dos productos básicos: el protector solar y el gel post solar (after sun). Aunque este dúo sigue siendo esencial, en los últimos años se ha agregado una nueva categoría de cuidado solar para lograr que el bronceado sea más rápido, uniforme y duradero. Se trata de los productos pre-solares, aquellos que se deben emplear antes de que lleguen las primeras exposiciones al sol. Porque, en definitiva, de lo que se trata es de hacer un "precalentamiento" de la epidermis, antes de comenzar a competir con el rey sol.

En este sentido, el proceso de exfoliación es un paso vital en la preparación de la piel, ya que resulta indispensable en la eliminación de las células muertas y, además, facilita muchísimo que el color sea homogéneo, especialmente si se emplea un autobronceante antes. Dependiendo del tipo de piel, lo ideal es exfoliarse una vez cada 3 o 4 semanas y hacerlo de 24 a 48 horas antes de la exposición.

Ten en cuenta que el sudor agota más rápidamente las reservas hídricas de la epidermis. Por ello, antes y durante la época estival conviene recurrir a fórmulas super hidratantes, para mantener constante el grado de humedad de la piel de tu rostro y cuerpo.

Esta preparación previa exposición al sol puede reforzarse de forma oral empleando suplementos nutricionales, como las cápsulas de betacaroteno enriquecidas con vitamina E, que nutren y preparan la piel desde el interior, inhibiendo la generación de radicales libres. También, la acción de los nutricosméticos enriquecidos con sustancias aceleradoras del bronceado, por los general derivados de la tirosina, impulsa la fabricación de mayor cantidad de melanina, aportando aminoácidos y nutrientes. Este tipo de cápsulas, actores secundarios de planes para adelgazar o para evitar la caída capilar, se han hecho un hueco en la industria solar. La ingestión de estos suplementos se debe iniciar 15 días antes de la exposición solar.

Es muy aconsejable consultar a un médico dermatólogo, o a tu médico de cabecera, antes de iniciar este tipo de tratamiento, con el fin de evitar posibles complicaciones.

El sol emite diferentes radiaciones electromagnéticas, alguna de las cuales no llegan ni siquiera a atravesar la atmósfera, afortunadamente. Las que sí lo hacen son los rayos infrarrojos, la luz visible y los ultravioletas. Los primeros son los que provocan la sensación de calor y el enrojecimiento inmediato de la piel. Estos, junto a los UVB y los UVA, forman parte de las radiaciones ultravioletas. Los UVA penetran hasta la dermis desgastando las fibras de elastina y colágeno, lo que se traduce en envejecimiento prematuro. Por su parte, los UVB estimulan la producción de la melanina, encargada del bronceado, pero además de "quemar la piel", en ocasiones alteran el ADN de las células, lo que a largo plazo puede traducirse en cáncer de piel.

La clave reside en buscar un fotoprotector de amplio espectro, y aplicarlo cada media hora si se emplea un protector con SPF 30, o cada 50 minutos si es uno con SPF 50.


Cuidado extra: pieles más sensibles

Los daños provocados por los rayos del sol son acumulativos en la piel y pueden provocar alteraciones peligrosas, traduciéndose en posibles tumores de piel, envejecimiento prematuro, manchas. Las personas con mayor riesgo son aquellas con la piel clara, las propensas a los lunares, los niños y los ancianos.

Uno de los métodos más efectivos de prevención es la microscopía con epiluminiscencia, un aparato capaz de evaluar el cambio más mínimo en un lunar. Los especialistas señalan que es aconsejable someterse a una revisión una vez al año. Después de todo, ¡solo queremos tener una piel de oro, un moreno seguro y una larga vida!

CuerpoyEstetica.com - Copyright ® 2014 - Todos los derechos reservados.